La importancia de la educación en la infancia

La importancia de la educación en la infancia

El 20 de noviembre se celebra cada año el Día Universal del Niño. Este día recuerda la firma de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) y pone en valor el bienestar en la infancia.

En España uno de cada tres niños vive en situación de pobreza o exclusión social. Factores como el nivel de estudios, la situación laboral, la ocupación o la renta de los, son piezas clave para que la pobreza se herede de padres a hijos.

La naturaleza llama a padres y madres a ser los primeros y esenciales educadores de los hijos. Una tarea nada fácil que deben aprender a desarrollar por si mismos.

Lo primero que deben y necesitan entender es que el arte de educar emana del verdadero amor a los hijos, y aunque es importante controlar principios pedagógicos, amarlos es la base.

El amor es el que hace que se pueda conocer a los hijos tal como son, y que los padres puedan actuar en consecuencia. Será también este, el que muestre a los padres los momentos más adecuados para hablar, callar, jugar, regañar, etc.

Otro factor importante es mantener y cultivar el amor entre los padres. Es ese amor el que ha hecho que los pequeños nazcan, y esa fórmula debe continuar con el proyecto comenzado. Los cónyuges tienen que engrandecer la imagen el uno de otro, con el finde hacer crecer la capacidad de amar de los hijos y evitar que seas incapaz de querer y buscar el bien de otros.

También, es fundamental analizar el comportamiento de los padres. Los hijos tienden a imitar los comportamientos y actitudes de los progenitores. El ejemplo tiene un valor incalculable en la educación de los pequeños.

Como señala, Tomás Melendo, “educar a alguien no es hacer que siempre se encuentre contento y satisfecho, por tener cubiertos todos sus caprichos o deseos, sino ayudarte a sacar de sí (e-ducir), con el esfuerzo imprescindible por nuestra parte y la suya, toda esa maravilla que encierra en su interior y que lo encumbrará hasta la plenitud de su condición personal… haciéndolo, como consecuencia, muy dichoso”.

Después de todo esto, se torna complicado, pero no imposible, la doble responsabilidad del educador de que sus hijos ejerzan su libertad, pero que lo hagan de una forma adecuada.

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